viernes, 15 de octubre de 2010

Hay un lugar para escapar del tiempo
















La ciudad me recibe entrecerrando los ojos, uniéndonos todos a un bostezo colectivo. Desde la terraza del edificio diviso sus luces y su luna como si fuera una especie de marquesina que mis ojos pintan con proporciones descomunales.

La plaza se derrumba al parecer frente a mi, me trae recuerdos de desilusión, perros sin dueño, olores imposibles de identificar. Mientras tanto hay una cantidad enorme de ojos que se escrutinan mutuamente, mostrando su lado tímido en las risas o en las fotos. Tímidos para poblar el aire con expresiones de cansancio, tímidos para rugir de hambre o simplemente tímidos por dormirse en la espera.

La timidez se confunde en el agua, se va convirtiendo en humo con la jornada que aguarda, con todas esas cosas que deben guardar nuestras mentes, aunque en mi caso, es más lo que guardo en el corazón.


Un poco deshabitada de poesía, comienza en mi un letargo extraño, una especie de deformación profesional, una vigilia inagotable que invita a transitar por lugares desconocidos pero que me contrasta, sumergiéndome en un mar de deja vus... El tiempo corre.

Los caminos, las enormes letras que empiezan la frenética expectativa, las charlas que desilusionan, otras que nos dan la vuelta, los objetos extraños y los que extrañamos, los afiches, los deslumbramientos colectivos, las ausencias, las nostalgias y todas las demás cosas que nos tapan los ojos con gárgaras de novedad.


El sueño también va avanzando, pero el descanso es mejor dejarlo para otros días. La atormentadora madrugada me sorprende sin ojos que manchar, sin ninguna atadura, sin espejos que llenar. Y así me voy deslizando, me dejo escurrir entre música, entre desconocidos, entre las decisiones de los otros que pesan cómo brújulas sin norte sobre mi cabeza.


Los días vienen y pasan a toda velocidad con una cuota de cansancio revuelta con ganas de completar los itinerarios y de documentar y de vivir y de llevar llevar llevar...


La ciudad nos recibe envueltos en una mañana plástica. Camino sin poder evitar creer que escucho esa canción que me retrata pero yo sigo mi recorrido. La canción suena y continúa sonando mientras me pierdo en los intereses ajenos, mientras me distraigo tomando fotos que sólo yo comprenderé luego, distante de propósitos distintos a revivir momentos en una ciudad distinta.

Y tengo miedo. Estar acá siempre me hará caer en la cuenta de muchas cosas. Ese abrazo en otro país le da un vuelco a mi corazón.

Esta ambigüedad corroe y hace huecos en las ganas de quedarme por siempre y volver con mi gente y volver a dormir en mi cama.

Duelen las veinticuatro y tantas más horas sin dormir, duelen todos los kilómetros caminados, y todos estos malhumores, los presagios de una nueva soledad.

Pero al menos este vacío tiene sabor a atardeceres rosados y Plaza San Martín, tiene sabor a sentirme venida del medio del campo y con la duda de saber si esto me agrada o no.

SoundTrack: Siddhartha - Volver a ver
[Para avanzar busqué retroceder mi instinto y al despertar no pude evitar verme distinto pues la madrugada revolcó todo... Al aterrizar tuve que recordar olvidos y al encontrarlos decidí quedar vacío pues el nuevo paisaje me venía bien *No necesito repetirme*]



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